Las personas detrás de las ideas
Historias de científicos que desafiaron el consenso, descubrieron por accidente y pagaron el precio de tener razón demasiado pronto.
El hombre que eligió siete países
Ancel Keys utilizó un subconjunto de países cuando publicó el estudio que redefinió la nutrición del siglo XX. Los que incluyó mostraban la correlación que él esperaba encontrar. La selección ha sido criticada desde entonces. El debate sigue abierto.
El hombre que llegó primero
En los años 50, John Yudkin identificó al azúcar como el principal culpable de las enfermedades cardíacas. Lo que siguió fue una campaña de descrédito orquestada por la autoridad científica y financiada por la industria.
El número que nos mide a todos
En 1998, un comité de expertos de los NIH bajó el umbral de 'sobrepeso' de 27,8 a 25. En términos estadísticos, de un momento a otro, 29 millones de estadounidenses pasaron a tener sobrepeso sin haber engordado un gramo. El índice de masa corporal fue inventado por un matemático belga en 1832 para estudiar poblaciones, no personas.
La luz que nos falta
Durante décadas, el énfasis de la salud pública se desplazó fuertemente hacia la evitación del sol. Un estudio sueco que siguió a treinta mil mujeres durante dos décadas sugiere que esa postura puede tener costos que no se calcularon bien.
El médico que se tomó la bacteria
En 1984, Barry Marshall se tomó un vaso con Helicobacter pylori para demostrar lo que la comunidad médica tardaba en aceptar: que la enfermedad gástrica podía tener origen infeccioso. Le dieron el Nobel veinte años después.
El litio y las cobayas tranquilas
En 1948, John Cade, un psiquiatra australiano que trabajaba en un hospital de veteranos de guerra, inyectó a cobayas con orina concentrada de pacientes maníacos. Para disolver el ácido úrico que quería estudiar, usó una sal de litio. Las cobayas se tranquilizaron. Había encontrado, sin saberlo, uno de los tratamientos más efectivos para el trastorno bipolar.
La pastilla que nadie quiso devolver
En 1992, Pfizer probaba un nuevo medicamento para la angina de pecho. Los ensayos clínicos mostraban efectos modestos sobre el corazón, pero los registros clínicos documentaban algo que el protocolo original no había contemplado. Esa señal se convirtió en uno de los medicamentos más exitosos y reconocibles del siglo XX.
La queja que valía millones
El minoxidil nació para tratar la hipertensión, pero un efecto adverso —el crecimiento de vello— lo convirtió en el primer fármaco aprobado para la alopecia, en un giro clínico imposible de planificar.