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La pastilla que nadie quiso devolver

2025-02-12
En 1992, Pfizer probaba un nuevo medicamento para la angina de pecho. Los ensayos clínicos mostraban efectos modestos sobre el corazón, pero los registros clínicos documentaban algo que el protocolo original no había contemplado. Esa señal se convirtió en uno de los medicamentos más exitosos y reconocibles del siglo XX.

El sildenafil fue diseñado para tratar la angina de pecho, el dolor en el pecho causado por flujo insuficiente de sangre al corazón. Su mecanismo apuntaba a inhibir una enzima —la PDE5— para relajar los vasos sanguíneos y mejorar la circulación.

En los ensayos clínicos realizados en Gales a principios de los años noventa, el sildenafil mostró efectos modestos sobre la angina. No era un fracaso rotundo, pero la eficacia cardiovascular era limitada. Al mismo tiempo, los registros clínicos documentaban un efecto que el protocolo no había anticipado.

El sildenafil no estaba haciendo mucho por la angina de pecho. Pero estaba produciendo erecciones.

El efecto no apareció al final, cuando alguien preguntó. Estaba en los registros durante el ensayo, clasificado inicialmente como efecto adverso. Entre los indicios más llamativos, algunos participantes se mostraban particularmente reacios a devolver las pastillas sobrantes al concluir el estudio —un procedimiento estándar en los protocolos clínicos. La combinación de registros sistemáticos y esa resistencia inusual apuntaba en una dirección que valía la pena seguir.

Pfizer redirigió el desarrollo del compuesto. Los ensayos clínicos para disfunción eréctil empezaron en 1993 y mostraron resultados que en ese contexto eran extraordinarios: el medicamento funcionaba en una proporción significativa de los hombres con disfunción eréctil de distintas causas, incluidas causas que hasta ese momento se consideraban de difícil tratamiento farmacológico.

En 1998, la FDA aprobó el sildenafil bajo el nombre comercial Viagra. En su primer año en el mercado, las ventas superaron los mil millones de dólares. Se convirtió en uno de los medicamentos más vendidos y reconocibles del siglo XX y en el punto de partida de una clase farmacológica completamente nueva.

El mecanismo que lo hacía útil para la disfunción eréctil —la relajación del músculo liso vascular mediada por inhibición de PDE5— resultó también relevante para otras condiciones: la hipertensión arterial pulmonar, una enfermedad grave y de difícil tratamiento, respondió al sildenafil en ensayos posteriores. Hoy el mismo compuesto, con el nombre comercial Revatio, es un tratamiento establecido para esa indicación.

La historia del sildenafil es citada con frecuencia en discusiones sobre investigación básica y el valor de los hallazgos inesperados. Lo que no siempre se menciona es lo que la hizo posible: los investigadores no ignoraron un efecto que inicialmente no era el objetivo del estudio. Había también presión comercial real por rescatar un compuesto en el que Pfizer había invertido —eso jugó su papel. Pero esa presión existe en muchos ensayos donde señales similares se registran y no se persiguen.

La diferencia no estaba en el interés económico. Estaba en que alguien decidió que el dato marginal merecía atención, en un momento cultural en que la disfunción eréctil empezaba a poder nombrarse como condición médica y no solo como estigma.

No hay protocolo que enseñe cuándo un efecto secundario merece convertirse en el objeto principal de investigación. Es una capacidad que depende de investigadores con margen para la curiosidad, de instituciones que no maten esa curiosidad con presión por resultados predefinidos, y a veces de un poco de suerte en el timing.

El sildenafil llegó a donde llegó porque alguien leyó los registros clínicos con atención, y decidió que lo que estaba pasando era más interesante que lo que se suponía que tenía que pasar.

Referencias

  • Boolell M et al. "Sildenafil: an orally active type 5 cyclic GMP-specific phosphodiesterase inhibitor for the treatment of penile erectile dysfunction." International Journal of Impotence Research, 1996. PMID: 8858389
  • Ghofrani HA et al. "Sildenafil for treatment of lung fibrosis and pulmonary hypertension." The Lancet, 2002. DOI: 10.1016/S0140-6736(02)11024-5
  • Frishman WH. "beta-Adrenergic blockers: a 50-year historical perspective." American Journal of Therapeutics, 2008. DOI: 10.1097/MJT.0b013e318188bdca

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