Los autores que firmaron papers que no escribieron
El ghost-writing médico —la práctica de contratar escritores profesionales para redactar papers científicos que después son firmados por investigadores académicos— existe en un espacio legal gris que durante mucho tiempo fue simplemente ignorado. No estaba prohibido. No era exactamente secreto. Simplemente no se hablaba de él.
Lo que volvió visible la práctica, en el caso de Wyeth y su terapia hormonal sustitutiva, fue una demanda judicial.
Wyeth —absorbida por Pfizer en 2009— era la fabricante de Prempro, una combinación de estrógenos y progestina ampliamente prescripta a mujeres posmenopáusicas desde los años noventa. El argumento de marketing era sólido: la menopausia reducía los estrógenos y eso podría proteger contra enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y deterioro cognitivo. Reemplazar los estrógenos parecía razonable.
Para respaldar ese argumento con literatura científica, Wyeth contrató a DesignWrite, una empresa de comunicación médica con sede en Nueva Jersey. El encargo era explícito: identificar temas de investigación favorables al producto, escribir los artículos, y conseguir que médicos académicos prestaran su nombre como autores.
Los médicos no tenían que escribir. Solo tenían que revisar el borrador, hacer comentarios y firmar. A cambio recibían honorarios que en algunos casos superaban los mil dólares por artículo —y con ellos, visibilidad y capital relacional dentro de la industria.
Los documentos que describen este proceso en detalle no emergieron de una investigación periodística ni de una denuncia interna. Emergieron de una demanda civil: miles de mujeres habían desarrollado cáncer de mama tras tomar Prempro y habían demandado a Wyeth. Durante el proceso de discovery —el mecanismo legal que permite a las partes acceder a documentos internos del demandado— salieron a la luz correos electrónicos, contratos y borradores que describían el sistema en detalle.
En 2010, investigadores de la Universidad de California en San Francisco analizaron 1.500 documentos de esa litigación y publicaron sus hallazgos en PLOS Medicine. Identificaron al menos 26 artículos publicados en revistas científicas revisadas por pares, entre 1998 y 2005, que habían sido producidos por DesignWrite por encargo de Wyeth. Los artículos aparecieron en revistas como American Journal of Obstetrics and Gynecology, International Journal of Cardiology y Journal of Women's Health.
Todos eran favorables a Prempro. Muchos no declaraban adecuadamente la participación de Wyeth ni la de los escritores profesionales contratados para producirlos.
En 2002, el ensayo clínico aleatorizado del Women's Health Initiative fue detenido antes de su conclusión prevista. Los datos mostraban que la terapia hormonal combinada de estrógenos y progestina aumentaba el riesgo de cáncer de mama invasivo, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y tromboembolismo pulmonar. Los beneficios existían en algunos casos específicos, pero el balance general no justificaba el uso generalizado.
Era exactamente lo que los artículos de DesignWrite tendían a no decir.
Las prescripciones de terapia hormonal sustitutiva cayeron más del 50% en los dos años siguientes a la publicación del WHI. Las demandas contra Wyeth eventualmente se resolvieron por cifras que no fueron divulgadas.
Lo que hace que el caso sea instructivo no es su excepcionalidad. Varios análisis posteriores han documentado que el ghost-writing médico fue una práctica extendida en la industria farmacéutica durante los años noventa y dos mil, en distintas áreas terapéuticas. Un análisis de 2012 en el British Medical Journal encontró evidencia de ghost-writing en estudios sobre antidepresivos, analgésicos y antiinflamatorios.
La práctica explota una tensión estructural en la publicación científica. La reputación de un paper depende, en gran medida, de quién lo firma. Los médicos académicos tienen esa reputación. Las empresas farmacéuticas tienen los datos y el dinero. El sistema de publicación científica, hasta hace relativamente poco, no exigía declarar la participación de escritores contratados.
Las revistas científicas han endurecido sus políticas de declaración de conflictos de interés desde entonces. Muchas exigen ahora que todos los que contribuyeron al paper sean identificados. No se puede saber con certeza cuánto cambió la práctica real.
Referencias
- Sismondo S. "Ghosts in the Machine: Ghost Management of Information in the Medical Sciences." Social Studies of Science, 2009. DOI: 10.1177/0306312708101047
- Fugh-Berman A. "The Haunting of Medical Journals: How Ghostwriting Sold 'HRT'." PLOS Medicine, 2010. DOI: 10.1371/journal.pmed.1000335
- Rossouw JE et al. "Risks and Benefits of Estrogen Plus Progestin in Healthy Postmenopausal Women." JAMA, 2002. DOI: 10.1001/jama.288.3.321
- Ross JS et al. "Guest Authorship and Ghostwriting in Publications Related to Rofecoxib." JAMA, 2008. DOI: 10.1001/jama.299.15.1800