El estudio que midió lo que la gente recordaba haber comido
El paper
Archer E, Hand GA, Blair SN. "Validity of U.S. Nutritional Surveillance: National Health and Nutrition Examination Survey Caloric Energy Intake Data, 1971–2010." PLOS ONE, 2013. DOI: 10.1371/journal.pone.0076632
Qué dice
Los investigadores analizaron los datos de ingesta calórica reportada en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES) entre 1971 y 2010. NHANES es una de las bases de datos nutricionales más influyentes del mundo, usada para formular políticas de salud pública y para decenas de miles de estudios publicados. El instrumento principal que usa para medir la ingesta dietética es el recall de 24 horas: se le pide al participante que reconstruya todo lo que comió y bebió en el día anterior.
Los investigadores aplicaron ecuaciones de gasto energético establecidas para determinar si las calorías que los participantes decían consumir eran fisiológicamente plausibles: si era posible mantener el peso corporal reportado comiendo la cantidad que decían comer.
El resultado fue contundente: entre el 67% y el 72% de los datos de las mujeres, y entre el 59% y el 67% de los datos de los hombres, eran implausibles según esos modelos. La mayoría de los participantes reportaba comer mucho menos de lo que hubiera sido necesario para mantener su peso.
Vale aclarar que esa metodología requiere supuestos sobre gasto energético y balance calórico que tienen sus propios márgenes de error. Las ecuaciones usadas no son perfectas, y el umbral de plausibilidad elegido por los autores es debatible. Incluso ajustando esos márgenes, la proporción de datos implausibles sigue siendo alta. Pero la magnitud exacta del problema depende de los supuestos que se adopten.
El método que produjo esos datos
El recall de 24 horas no es el único instrumento usado en epidemiología nutricional. Muchos estudios de cohorte usan cuestionarios de frecuencia alimentaria (CFA): listas de entre 100 y 200 alimentos en las que el encuestado indica con qué frecuencia consume cada uno y en qué cantidad aproximada, retrospectivamente a lo largo de meses o años. Ambos instrumentos comparten un problema de fondo, aunque por vías distintas.
El problema es doble. Primero, la memoria episódica no funciona con la precisión que estos métodos requieren. Lo que se reporta es una reconstrucción, influida por lo que se considera deseable reportar, por los alimentos que se recuerdan mejor y por la presentación de las opciones en el cuestionario. Segundo, hay un sesgo sistemático de deseabilidad social: las personas subreportan alimentos que perciben como poco saludables y sobrereportan los que perciben como saludables. El efecto no es aleatorio; es direccional y consistente.
Por qué importa
Una parte sustancial de la epidemiología nutricional —el campo que estudia la relación entre dieta y enfermedad en poblaciones— descansa sobre datos producidos con estos métodos. Muchas asociaciones que moldearon décadas de recomendaciones dietéticas, como las que vinculan ciertos alimentos con el riesgo de cáncer o enfermedad cardiovascular, provienen de estudios que usaron recalls o cuestionarios de frecuencia alimentaria como fuente de datos primaria, aunque generalmente combinados con otros ajustes y métodos.
Si esos datos son sistemáticamente sesgados —no de forma aleatoria, sino en una dirección consistente— la incertidumbre de las conclusiones construidas sobre ellos aumenta. No necesariamente se invierten, pero sí se vuelven menos confiables de lo que su presentación habitual sugiere.
Qué tan sólido es el paper
El paper de 2013 tiene una metodología clara y verificable: aplicar ecuaciones de gasto energético conocidas a datos públicos y determinar si los números son plausibles. Las críticas se han centrado principalmente en que las ecuaciones de gasto energético también tienen un margen de error, y que el umbral de plausibilidad elegido por los autores es debatible. Incluso ajustando esos márgenes, la proporción de datos implausibles sigue siendo alta.
Un análisis de 2015 publicado en Mayo Clinic Proceedings por Archer y colegas fue más directo: los autores argumentaron que la epidemiología nutricional basada en recuerdo dietético auto-reportado no debería ser usada para formular políticas de salud pública. Es una posición minoritaria y muy disputada. Investigadores como Amy Subar y colegas respondieron con críticas metodológicas sustantivas, señalando que los autores sobreestiman los problemas del método y subestiman su utilidad cuando se usa con los ajustes apropiados. Ese debate sigue abierto.
Dónde deja esto
La epidemiología nutricional no va a desaparecer porque sus datos sean imperfectos. Los ensayos clínicos aleatorizados en nutrición son difíciles, caros y tienen sus propias limitaciones. El campo está trabajando en métodos de medición más objetivos —biomarcadores, registros fotográficos de comidas, sensores continuos.
Lo que sí debería cambiar es el grado de certeza con que se comunican sus resultados. Muchas asociaciones entre alimentos y enfermedad descansan sobre datos con limitaciones de medición conocidas y sistemáticas. Eso no las hace falsas. Las hace inciertas de una manera que rara vez aparece en los titulares.
Referencias
- Archer E, Hand GA, Blair SN. "Validity of U.S. Nutritional Surveillance." PLOS ONE, 2013. DOI: 10.1371/journal.pone.0076632
- Archer E et al. "The Inadmissibility of What We Eat in America and NHANES Dietary Data in Nutrition and Obesity Research." Mayo Clinic Proceedings, 2015. DOI: 10.1016/j.mayocp.2015.04.009
- Dhurandhar NV et al. "Energy balance measurement: when something is not better than nothing." International Journal of Obesity, 2015. DOI: 10.1038/ijo.2014.199
- Schoeller DA. "How Accurate Is Self-Reported Dietary Energy Intake?" Nutrition Reviews, 1990. DOI: 10.1111/j.1753-4887.1990.tb02882.x
- Subar AF et al. "Addressing Current Criticism Regarding the Value of Self-Report Dietary Data." Journal of Nutrition, 2015. DOI: 10.3945/jn.115.219634